01/05/2012

Sol; Centro y Fuga



El aquí es fugaz e inevitable y no lo abarca el estar, sólo la presencia.










Somos personas, que han tenido la suerte y el corazón justo para estar aquí: perfectos desconocidos que no han venido a gritar ni a imponer, si no que vienen a pensarse, a cambiarse, a recuperarse en las voces de los otros. Nadie nos llamó, al contrario que la acampada, la plaza siempre estuvo aquí, en la Puerta del Sol. Ahora de ella han amanecido soles sobre los que orbitan sueños. En ella habitó una acampada que tenía la forma del deseo. Como un reflejo del mundo cada día la plaza se veía frágil, inteligente, desarreglada y orgullosa de estar, de ser presente. Con ella lo que estaba muerto nos dio la vida. Esta Puerta se construyó para durar y para cruzarla. Así se despertó y despertar no es comenzar, despertar es venir de un lugar más profundo que compartimos todos.

Nuestra apuesta es estar aquí y ser cuerpo, lengua, mundo evidenciado para señalar con nuestros actos lo imposible. El primer cambio es la forma de mirarnos. Antes de él no se entienden los rostros y las palabras de la misma manera. Se apuesta por el futuro tal y cómo es el futuro: un sueño y un plan incumplido.

Estar sin miedo es abrirse, es ser realista, porque una vez que se ha superado el miedo es posible apostar por lo impredecible. 
Quien mira a una plaza y la ve sin la esperanza y el dolor de las personas que ahora están y siempre estuvieron, es porque mira a través de una sola cara. No es imposible conseguir ver las dos caras a la vez. Aquí, al venir sin pasado, hemos construido un presente que, como todos los presentes, su milagro no es la rareza, sino que es irrepetible. Con tiza y cinta hemos escrito nuestro tiempo, fugaz e indeleble. Era la plaza y casi todo estaba abierto. Era poroso como las intenciones de quien se está enamorando y tangible como la determinación de un idealista. No había después de la plaza otra plaza, en ella se extendía el interior de cada uno de nosotros. El mismo aire nos daba forma, la luz era otro cuerpo, siempre azul, siempre violeta, siempre blanca. También el calor y la lluvia tomaron forma. Un cuerpo agotado dormía a nuestro lado, descansamos también, con un ojo abierto.
Todos habéis pasado por aquí, todos habéis venido a protestar, a indignarse a favor o en contra, a responderse y a proponer. No había trabajo que dejar atrás. Si no era ahora, no iba a ser nunca, si no era aquí, no sería.

Hemos estado para ti porque nadie puede estar por ti. Nadie puede venir por tu voz, por tu futuro, por tus derechos. Igual que nadie puede venir a escuchar por ti.
Una sola persona es incontable, siempre. Una sola persona tiene el valor del mundo que carga y la sostiene. Todos hemos sido esas multitudes que cada persona tiene dentro. Esto es lo más cerca que han estado muchos de la intemperie. La ciudad dentro de la ciudad, las personas dentro de cada persona. Estamos aquí para los que no pudieron venir y para que otros más puedan sumarse en el futuro.



No somos santos, no somos ladrones, no somos quienes te imaginas. Somos personas.































































Texto: Javier Pérez (http://undossier.wordpress.com/)
Fotografía: Sigfredo Haro (http://sigfredoharo.blogspot.com/)

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